Las sábanas sucias

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Anoche, mientras bañaba al mas chiquito de mis hijos, tuve la oportunidad de darme cuenta de las tantas veces que decimos que “no” a nuestros hijos, cuando no siempre lo amerita. Llega una edad en la que la palabra NO se convierte en el vocablo mas pronunciado de nuestro día, pero ¿realmente tenemos que decir que no a todo lo que nuestros hijos hacen que pareciera malo?

Estaba bañando al bebé, cuando de pronto llegaron los otros dos gateando, atacados de la risa, metidos cada uno en una funda de almohada, con la intención de asustarme; en eso abro la cortina y los veo, y la verdad es que si me dio mucha risa pero lo primero que les dije fue: Niños, ¡No!… ¡Están recién lavadas! Ellos seguían riéndose y asustándose el uno al otro, al mismo tiempo que luchaban por no resbalarse… Y fue en ese momento que pensé, ¡que importa que se ensucien las sábanas! Estos momentos se irán en un abrir y cerrar de ojos. En unos años tendré adolescentes en casa y me habré despedido de estos momentos inocentes y llenos de magia.

De pronto nos olvidamos que el mundo de los niños es completamente diferente al nuestro. Cada vez comprendo más por que Dios nos pide que debemos  volvernos como niños, con un corazón puro, auténtico y capaz de amar sin reservas.

Que sea nuestro propósito decir que no cuando en verdad se trate de una conducta inadecuada que amerite corrección, y que el resto de los momentos podamos disfrutarlos aún y cuando esto implique ¡lavar dos veces las sábanas!

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